Es lo que tiene ser la megaestrella del momento. Libros, discos, películas, series de televisión y un universo de merchandising. Todo por Hannah Montana. O por Miley Cyrus.
"Es un poco raro ver kleenex con tu cara o que la gente se cepille los dientes con 'dentífricos Hannah Montana'", ríe Miley. "Pero si lo pienso, es realmente un honor".
Y es que Miley es todo un icono para las niñas y adolescentes del planeta Tierra. "Me gusta que me tomen como ejemplo, pero la palabra ídolo no me gusta. No quiero que me imiten, quiero que aprendan con mi personaje".
Hannah Montana vuelve a sus raíces en la película, algo que comparte también su alter ego real. "De hecho, de no haber sido por esta cinta, no hubiese podido regresar a Nashville, Tennesse. Este horario es lo que tiene", bromea Miley.
Una Miley que no se sale un milímetro del guión establecido que, como joven actriz Disney, lleva aprendido. No faltan las alabanzas a la casa que la vio nacer, "ahora nos dejan mucha más libertad", a su familia, "que me apoya y está conmigo en todo momento" y sobre todo a su padre, "es lo más 'cool' que hay'"
Sólo se queja, como no podía ser menos, de la persecución de la prensa y los paparazzi, uno de los grandes temas que trata en su película. "Realmente te vuelve loca que te vayan persiguiendo por todas partes. Pero es algo que hay que asumir. Tienes que vivir tu vida al margen y no darles el gusto de que consigan su objetivo, que es sacarte de sus casillas".
Esa es la gran pega que tiene su profesión: "Me encanta lo que hago y soy feliz. Me da pena haber perdido mi privacidad y mi intimidad. Es muy duro. Pero no me puedo quejar. A cambio viajo mucho".
Por cierto, que entre tanto viaje, Miley tiene una cosa estupenda que llevarse de España: "Los huevos fritos con patatas. Impresionantes".